Laboratorio de ideas

Hace dos años, el comediante inglés, estrella de la televisión estadounidense,  Jhon Oliver  dedicó un segmento entero de su programa LastWeekTonight, a burlarse de Rafael Correa (el episodio aún se halla en YouTube y vale mucho la pena encontrarlo), en ese momento presidente del Ecuador. 

Oliver  ironizaba sobre la hipersensibilidad que demostraba sentir Correa frente a las críticas en redes sociales hacia él y su gobierno. 

Hace un par de días, los compradores de Zara en Estambul hallaron inusuales mensajes en sus etiquetas. "Hice este artículo que vas a comprar, pero no me pagaron por ello”. Los trabajadores decidieron usar la gran imagen de la marca para comunicar eficientemente su frustración.

La explosión llegó cuando la fábrica Bravo Tekstil, productora de prendas para el gigante español de la moda, anunció el cierre y no pagó  salarios ni liquidaciones. 

Me interrumpe una comunicadora joven cuando construía la estrategia argumental en una crisis con pérdidas humanas: "Aprendí que nunca se debe iniciar con una frase negativa como ‘lamentablemente’ u otras palabras negativas. El neuromarketing así lo manda”. 

Llama la prensa. El equipo de marketing se pone nervioso; conocen el tema en macro, del cual, él o la periodista quiere hablar. Saben del asunto ¡por supuesto!  Ellos son los especialistas. "Transfiera la llamada”. 

Y hablan como cuando lo hacen con un proveedor o un  cliente lejano. Además, no sólo una persona, sino dos o tres, para dotar de mayor respaldo y sustento técnico a lo que dicen. Explican el asunto dando miles de detalles, dotando de ejemplos, haciendo comparaciones y calificando cada cinco palabras. 

Hace algo más de una década, se pensaba que la confianza  provenía de voces autorizadas, personas con conocimientos, líderes y estadistas, y otros referentes públicos que parecían conocer o saber más que el común. La crisis de confianza llegó despertando el siglo y  golpeó con todo  a instituciones, partidos políticos, gobiernos, personajes tradicionales, medios, etc.

Está de moda hablar de los retos impuestos por esta nueva generación de jóvenes con medidas distintas sobre el largo plazo y sobre cómo construir el futuro.  Se trata de personas que disfrutan del camino y no del destino, así lo dicen todo el tiempo.  Es decir, que aprecian el hoy y del futuro hablan luego.