Millennial nativo del proceso de cambio y los retos para todos

Domingo, 5 Febrero, 2017

Está de moda hablar de los retos impuestos por esta nueva generación de jóvenes con medidas distintas sobre el largo plazo y sobre cómo construir el futuro.  Se trata de personas que disfrutan del camino y no del destino, así lo dicen todo el tiempo.  Es decir, que aprecian el hoy y del futuro hablan luego.

Y sobre ellos se ha escrito y hablado mucho. La mayor parte de las empresas comienzan a preguntarse cómo diablos le hacen para retener a estos jóvenes talentos cuyo horizonte de carrera apenas alcanza un año; y luego  erigen un gran signo de interrogación ante ellos.

"Me hallo con chicos talentosos que aunque tienen deudas y necesitan trabajar deciden renunciar para ir de viaje por Latinoamérica y  descubrir qué quieren de la vida. Y no sé bajo qué criterios ni premisas los retengo”, me confiesa una gerente de recursos humanos de una industria grande y potente de Ecuador.

Y otra profesional con un cargo similar en Bolivia me explica que "las ventajas materiales no son tan importantes como el tiempo libre para esta generación, lo cual parece una gran ventaja para las empresas. Sin embargo esa tendencia no es acompañada por las leyes. Por ejemplo, el trabajo remoto desde la casa no se puede justificar para el Ministerio de Trabajo porque ese grupo de profesionales debe obligatoriamente firmar un libro de asistencia”.

La lógica del siglo XX y las normas igual de añejas hacen que el millennial boliviano no consiga encontrar un lugar propio en el cual sentirse cómodo. Y aún más. Este joven no es una réplica perfecta del millennial gringo o europeo. Es hijo del proceso de cambio y es nativo boliviano. 

Es decir, ha crecido en un ambiente de mayor igualdad, tiene una autoestima mayor a la de las generaciones anteriores, en esta primera edad adulta sólo ha saboreado bonanza económica y tiene las puertas a la cultura del mundo a través de un touch en el celular. Su comunicación no depende del espacio físico, es atemporal porque no hay horarios restrictivos en el whatsapp ni en las redes sociales. Sólo ha conocido un presidente y sabe de oídas de las tensiones históricas de la política y la economía. Su futuro es ancho y ajeno, y no se halla condicionado por el miedo a revivir los años 90 del siglo XX.

Pensemos que este joven, mujer u hombre, no reconoce el miedo a la carencia en el horizonte cercano y   está nutrido de información diversa, verosímil y vasta aunque no necesariamente verdadera. 

Además, la necesidad de formar familia y de tener esposa e hijos para salir de la casa paterna es un cuento de abuelas. Ellos pueden salir cuando quieran, pero es más cómodo mantener las funciones domésticas delegadas a las madres y pagar de alguna manera por ello, aportando con una parte de su sueldo.

¿Y la intimidad con la pareja? Pues ese ya no es un problema. La podrán conseguir en el cuarto dentro de la casa materna o en cualquier otro lugar de paso y pago. Los padres ya no ven con ojos de espanto cuando, a la mañana, a la mesa del desayuno, acude el o la hija con la pareja de la mano y llevando en la sonrisa unos buenos días libres de  toda culpa moral.

¿Cómo motivarlos?  ¿Cómo evitar que el cambio los destelle y busquen la estabilidad? Quizá algo se pueda ir haciendo  hasta terminar de comprenderlos bien. Habrá primero que conocer sus gustos y costumbres para luego dar recetas certeras. Y sensibilizar a las autoridades para adecuar normativas a esta generación que  ya llena las vacantes laborales.

Por ahora, podría irse trabajando en una cultura organizacional que premie el talento y la iniciativa tanto como el cumplimiento y la puntualidad. Establecer procesos de comunicación reales, que permitan escuchar sus ideas, y participar de proyectos constructivos es igual de importante. Pero habrá que equilibrar aquello con una fuerte exigencia intelectual y de efectividad, ya que estos jóvenes al tiempo de ser más libres, o quizá por ello mismo, son menos afectos al esfuerzo continuo y al aprendizaje en la práctica.